Bitácora de Viaje

Por: Joshua Armir

El siguiente es un fragmento de una serie de relatos en torno a nuestro álbum Esperando el Alba que estará disponible muy pronto en un corto libro llamado Bitácora de viaje donde contamos con la participación de diferentes autores a quienes admiramos profundamente como David Gaitán, Edgardo Barraza, Cristina Hincapié, Gregorio Restrepo, Tomás Castaño, Oscar Jiménez, Gloria E. García y Paola Aristizabal. (Fotografía: Avance de diagramación por Jahn Penagos).

Aquí, mi epílogo:

La noche, fiel compañera de pensamientos, sueños, llantos y anhelos, suele ser considerada un espacio para apagar la mente, pero muchas veces es el único momento del “día” en el que tenemos la libertad de ser, pensar y sentir. Creo que todos vamos caminando en medio de la penumbra, porque la vida es un flujo de incertidumbres y cada uno va acercándose, a veces apenas palpando, reconociendo la compañía de una Constante en medio del vaivén que es nuestra existencia. Y ahí nos aferramos. Y ahí somos asidos por Él.

Este camino ha estado lleno de muchas cosas que no alcanzaríamos a contar aquí. Rescato dos del baúl lleno de tesoros para compartirles.

La primera es la ausencia que da lugar a lo imposible. El camino de los sueños está forjado con la fuerza de los milagros y lo hemos visto de primera mano. El buen Padre que decidió poner semillas en nuestras vidas para que cuidáramos de ellas, se ha encargado de dar el agua, la tierra y el crecimiento cada día.

Y la segunda es la compañía que elimina la soledad. En este andar nos fuimos encontrando con muchas personas, llenas de sueños y talentos impresionantes, que por alguna razón decidieron darnos sus manos, su ingenio y su amor.

Qué regalo es saber que cuando esperamos, no esperamos solos.

Que en medio de la noche Jesús está con cada uno de los que sueña, llora, sonríe y anhela.

Así esperamos en la noche avanzada.

Así esperamos el día que se acerca con Su Paz.